Dique de crecimiento

Dedicamos demasiada energía en la resolución de problemas y en el aprovechamiento de oportunidades que no siempre nos conducen hacia nuestras mejores opciones de crecimiento.

“¿Cuál es el mejor camino?”, le preguntó Alicia al gato. “Depende adónde quieras ir”, le replicó el gato. Si no sabes adónde vas, cualquier camino es bueno, o malo. Éste es uno de los pasajes que nunca olvido de Alicia en el País de las Maravillas, de Lewis Carroll. El gato, agudo y profundo, cuestiona a Alicia sobre su futuro, cuando ella sólo preguntaba por un camino. Así es la dirección de negocios. Cualquier camino es bueno, o malo, si no sabemos adónde vamos.

Todos los días los empresarios gastamos enormes cantidades de energía procurando resolver problemas; y también tratando de aprovechar las oportunidades que se nos presentan, sin someterlas a la debida crítica, para asegurarnos de que nos ayuden a crecer por los mejores caminos, por los que verdaderamente queremos crecer.

Nuestra capacidad para enfrentar efectivamente nuestras dificultades determina muchas veces las posibilidades de supervivencia de nuestro negocio. La cuestión aquí no es cuántos problemas resolvamos y cómo lo logremos, sino asegurar que le dediquemos tiempo prioritario a los problemas correctos. No saber cuál es el problema que me corresponde afrontar hoy, es algo que genera una inmensa dilución de energías en el quehacer directivo y en el accionar de la organización en general.

Necesitamos tener claro hacia dónde vamos para poder jerarquizar nuestros problemas y oportunidades, y de ese modo concentrar nuestros esfuerzos en aquello que nos acerque con menos desgaste a nuestro cometido. Solamente cuando precisamos nuestro proyecto de futuro nos liberamos del peligro de consumir nuestras capacidades en una infinidad de embrollos sin sentido, que agotan nuestras fuerzas.

A un instrumento de gran valor para ayudarnos a descubrir y enfocar nuestras energías hacia nuestros mayores problemas o mejores oportunidades le hemos llamado dique de crecimiento. Así le llamamos a esa gran jugada que se convierte en un área estratégica de cambio que, si la manejamos bien, genera una fuerza concentrada de avance en el curso de nuestras óptimas posibilidades, en la trayectoria de nuestro máximo potencial.

Un dique de crecimiento es al mismo tiempo problema y oportunidad. Visto como lo primero, es un obstáculo que entorpece el cabal aprovechamiento de la reserva oculta de un proceso estratégico de negocio; superarlo detona el máximo rendimiento en el mínimo plazo. Como oportunidad, un dique es un área estratégica de cambio que permite capitalizar cabalmente la reserva oculta de un proceso de negocio, y su aprovechamiento detona el máximo rendimiento en el mínimo plazo.

Encontrar un dique de crecimiento significa elegir las limitantes de nuestro desarrollo que merecen lo mejor de nuestros recursos. Es un parte aguas, una promesa de crecimiento que, si se aborda adecuada y oportunamente, puede detonar con fuerza la transformación de la compañía en una organización de alto desempeño. Por esto afirmamos que un dique es más grande en la medida en que superarlo detona el más alto desempeño en el menor plazo.

No siempre es fácil descubrir nuestros diques de crecimiento. A veces no los vemos; otras, no los queremos ver. En muchas ocasiones hemos logrado detonar el crecimiento de compañías al descubrir y explotar sus diques; en algunos casos parece que el hallazgo se complica.

En un grupo familiar desarrollamos todo un proceso para encontrar cómo destrabar los entrampados laberintos que inhibían el sano desarrollo de sus negocios. Se gestaron diferentes propuestas para romper el largo período de estancamiento que estaban experimentando. Se exploraron muchos campos y se analizaron diversos componentes de su sistema. Finalmente se determinó que las principales oportunidades estaban en tres áreas: la comunicación entre los socios, la creación de reglas claras de interacción y ciertos ajustes en las participaciones de capital en algunas de sus sociedades. Estupendo, estos movimientos traerán consigo importantes progresos en la relación familia-negocio, pero no parecen estar ahí las grandes jugadas que este grupo requiere para recuperar la senda del crecimiento.

Se habló de falta de liderazgo, de la carencia de una visión compartida de futuro entre los miembros de la familia y de las indefiniciones fundamentales en los aspectos patrimoniales y sucesorios. Los hijos lucharon en vano por enfatizar estas cuestiones, proponiendo cambios tal vez atrevidos. Desgraciadamente no fueron escuchados con la suficiente apertura. Quizás en estos ámbitos es justamente dónde podríamos encontrar diques de crecimiento verdaderamente trascendentes para este grupo. No siempre éstos se presentan tan obvios, tan visibles, tan claros; es común que se escondan donde preferimos no explorar, donde nos da miedo cambiar.

Para descubrir nuestros diques necesitamos contar con una querencia clara, visión y sentido práctico, una sobredosis de humildad y honestidad, y mucha valentía. Esto exige enfrentarse a paradigmas y cargas emotivas con apertura y sin temor; y para lograrlo hay que realizar un rastreo de la situación y desechar todo aquello que nos estorba y no nos deja crecer. ¡Ánimo! No podemos rendirnos. La mejor ruta del crecimiento es la de sus diques. Si encontramos los medulares, y los superamos, detonaremos el crecimiento del negocio.

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Carlos A. Dumois es Presidente y Consultor de CEDEM.